La botella encantada del satánico abuelo del pobre de Jaimito

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Rosalinda abrazó por séptima vez a su hijo y volvió a recomendarlo al abuelo.

—Se lo encargo mucho.

—Ve sin pendiente, hija —contestó el anciano con una sonrisa maliciosa—, el chamaco sabe las reglas de la casa y no creo que dé mucha lata.

—Papá, se lo suplico, no vaya a ser demasiado severo. —Anda, anda, hija, qué mujer tan “preocupona” te has vuelto.

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Consideraciones filosóficas en torno a las hamburguesas

Con algunos comentarios por parte de Gengis Khan acerca de la necesidad de preparar salsas bien condimentadas

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Como ya he comentado en una de mis crónicas, absolutamente verdaderas (consúltese El secreto de Tory´s Burger, disponible en este mismo blog) mi amigo Toribio hizo su fortuna como el amo indiscutible de las hamburguesas, no sólo de Chihuahua, sino de todo el mundo, luego de atrapar a un chaneque a quien le arrancó, a punta de golpes, la receta para preparar la carne. No te dejes llevar por imitaciones chafas. Si comiste las Deli Burger y te causaron adicción las Tory´s Burger serán tu perdición, además de que Toribio es una persona tan amable y tan querida por todos que sería imposible dejar de consumir sus burger.

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Leannan-Sidhe

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Luego de la derrota amorosa que le costó un escándalo, un duelo y un proceso judicial, el exquisito poeta, sir Óscar Lindsey, se retiró a sus posesiones, en las tierras altas de Escocia.

Desde entonces el aristócrata se dedicó a vaciar la cava que su tío Wallace, el anterior amo de la ruinosa mansión, llenara con tanto cariño, y con una copa en la mano dividía su tiempo entre la ociosa contemplación del fuego y la lectura voraz de los libros.

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La piara

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

El día fue abrumador para Enrique, los clientes no cesaron de gritar, pero al fin llegó la hora de volver a casa. En el camino rentó una película, compró unos cigarros y no se detuvo hasta alcanzar su meta.

Enrique abrió la puerta para encontrarse con que su esposa e hijos se habían transformado en puercos; era más de lo que podía soportar y estalló furioso.

—¿Qué? ¡Yo rajándome la espalda en la tienda y ustedes ya se lo tragaron todo! ¡Me dan asco!

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El hospital rojo

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

—La clase fue mediocre —pensó Antonio y prometió, por enésima vez, mejorar en lo sucesivo; ¿pero cómo explicar a esos trogloditas cuando le temblaban las manos? ¿Cómo revelarles los secretos de las ciencias exactas cuando el cuerpo gritaba por su dosis de alcohol?

—Tranquilo, tranquilo —se dijo a sí mismo al tiempo que se dirigía hacia su hogar. Una escala en la vinatería: se entretuvo dudando incapaz de decidirse a comprar una bolsa de cacahuates. El apremio del viejo gruñón que despachaba terminó por sugerirle una respuesta: —También los cacahuates.

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El brujo del barrio

Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Estudiaba en el bachillerato, había unos niños terribles que hacían desperfectos y Karla (ya toda una profesional del terror) y yo decidimos asustarlos. Mi cuarto estaba en el patio trasero: me había apoderado de las antiguas oficinas de papá e invité a los niños a invocar a un demonio con el Necronomicón. Los niños me desafiaron a intentarlo.

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