Por: Elko Omar Vázquez Erosa
No estamos dispuestos a escapar de este frío suelo de concreto, del cielo, alambrado en púas de acero.
Somos esclavos del cuerpo y a lo lejos, la ciudad llama a gritos con sus bares, con sus luces; somos la raza de los ángeles caídos, vivimos entre nubes y ensueños de alcohol, y las horas implacables continúan su curso sin detenerse un mísero instante, y las cadenas nos impiden ir hasta donde quisiéramos, hasta donde nunca, nunca llegaremos…
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