Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Te acostumbraste a pensarContinuar leyendo
de la felicidad
como algo que siempre
sucedía mañana.
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Te acostumbraste a pensarContinuar leyendo
de la felicidad
como algo que siempre
sucedía mañana.
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
El cigarro, persistente: la misma marca que fumábamos y que me condujo a los recuerdos. Esa ventana de flores con el verano explotándome en el rostro, y en el ondeo lejano de la alberca, las impúdicas visiones de la noche.
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El sol, eterno, persistente; y una capa de arena interminable ante sus ojos. No sabe cuándo tomó el último sorbo de agua —esperará un momento más apremiante— y sus zapatos destrozados por las rocas que ya dejó atrás dan fe de la distancia.
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Del fluir en el tiempo y el marContinuar leyendo
quisiera cantar a las flores
que echaron raíces
sobre la piel de un cadáver.
Por: Elko Omar Vázquez Erosa

Quiere beberse la luna de un tragoContinuar leyendo
—se embriagaba con dos copas—.
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
No estamos dispuestos a escapar de este frío suelo de concreto, del cielo, alambrado en púas de acero.
Somos esclavos del cuerpo y a lo lejos, la ciudad llama a gritos con sus bares, con sus luces; somos la raza de los ángeles caídos, vivimos entre nubes y ensueños de alcohol, y las horas implacables continúan su curso sin detenerse un mísero instante, y las cadenas nos impiden ir hasta donde quisiéramos, hasta donde nunca, nunca llegaremos…
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En un pueblo cuyo nombre no quiero recordar, con un amigo a quien no me permite la memoria —imágenes difusas como las de una borrachera—.
Tres mujeres se acercan: la primera es gorda como una vaca en un concurso de baile; la segunda no tiene peculiaridades; pero la tercera, con ese rostro de india bonita.
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En la oscura torreContinuar leyendo
que evitan las miradas,
un ogro acecha...
Por: Elko Omar Omar Vázquez Erosa
El mago dejó sus librosContinuar leyendo
en un rincón de sombras
y de sueños frescos;
el tiempo
les fue amarilleando
como Apolo hace
con el trigo.
Por: Elko Omar Vázquez Erosa
Las horas de agonía en el trabajo habían pasado, el camión se detuvo en la parada y bajé. Crucé la calle, compré una revista y me disponía a ejercitarme en la más bella de las artes —el ocio— cuando un individuo casi me atropella a vertiginosa velocidad con su motocicleta. Le iba a reclamar; pero él me saludó y yo lo reconocí.
—Oye —dijo—, me acabo de enterar de que están contratando en un negocio de actualidad y telecomunicaciones, y que van a pagar en dólares.
—¿De qué se trata? —No sé, me acabo de enterar, pero es de buena fuente.
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